Un cráter en el lado oculto de la luna

El teorema de Noether es el teorema de una mujer, Emmy Noether, que nació en 1882 en Baviera, Alemania, y murió demasiado pronto, en el exilio, 53 años después en Pensilvania, Estados Unidos. En su funeral Einstein la llamó “el genio matemático creativo más importante que haya existido desde que comenzó la educación superior de las mujeres.”

En efecto, sus contribuciones en álgebra abstracta han sido obras seminales que abonan toda las matemáticas modernas y vertebran toda la física del siglo XX. En particular, hoy no se entienden la mecánica cuántica ni la relatividad general sin Emmy Noether.

Pero esta mujer genial no lo tuvo fácil. Primero se le impide estudiar en la universidad, dos años más tarde, en 1900, se le permite asistir pero solo como oyente. Cuando finalmente se gradúa y a pesar de su valía, se le permite enseñar pero sin sueldo. Después de la gran guerra, al fin recibió un sueldo; sin embargo, nunca se la consideró profesora titular. El ascenso del nazismo, siendo judía, la expulsó definitivamente del ámbito universitario hasta que finalmente huyó para salvar su vida a Estados Unidos.

Un teorema es una verdad no evidente pero incontestable que alumbra una nueva forma de ver. El teorema de Emmy Noether hace justamente eso: dice que nuestras poderosas leyes de conservación, con las que trabajamos diariamente los físicos, son en realidad consecuencia de algo mucho más grande, más profundo: las simetrías del universo.

Si la vida le hubiera regalado más tiempo, Emmy Noether habría visto el enorme éxito de la física de altas energías. Los físicos armados con su teorema indagaron en nuevas simetrías con las que interrogar al núcleo atómico y consiguieron domar el quisquilloso mundo de las partículas elementales con resultados que solo se pueden calificar de revolucionarios.

Y no hay empresa humana más formidable que la ciencia. En los escombros de la segunda guerra, la Europa emergente tuvo la lucidez de unir esfuerzos para extraer saber del mal creando el CERN, un centro de investigación nuclear, a caballo entre Suiza y Francia, donde colaboran investigadores de todo el mundo y nada es secreto. Emmy Noether estaría orgullosa.

En 1990 Tim Berners-Lee y Robert Caillieau crearon la web (WWW) en el Edificio 31 del CERN con el propósito de facilitar el trabajo de los científicos. Con la inteligencia de Emmy Noether los físicos hemos obrado milagros y de la necesidad de compartir nuestros conocimientos surge la hiperconectividad del Nuevo Siglo.

¿Y cómo se celebra la grandeza de Emmy Noether? Pedro, un alumno, lo expresó mejor que yo: Noether es un cráter en el lado oculto de la Luna.

Darío Castello

Capítulo sobre Emmy Noether del libro Antimateria, magia y poesia de José Edelstein y Andrés Gomberoff